jueves, 26 de marzo de 2020

Cuarentena



Este tiempo de estar en casa sin las distracciones de salidas ni obligaciones de horarios se puede utilizar positivamente para muchas cosas.
Una de las posibilidades es curiosear en la biblioteca de casa. ¿Qué conocimientos hay guardados allí? ¿Sobre qué temas leyeron nuestros padres y quedaron ahí? ¿Cuáles son las temáticas favoritas nuestras y que heredarán nuestros niños?
Existe Internet, claro, pero leer algo que estuvo en casa por años y saber que también iluminó a nuestros ancestros, tiene un plus invaluable.
En mi caso, el nono y mamá eran quienes surtían el hogar con distintos autores y  diferentes temas.  No había un lugar determinado para los libros, porque biblioteca no teníamos, pero la cuestión es que los tomos de Geografía, Arte e Historia Universal andaban a sus anchas por toda la casa.
Hoy tengo en mis manos Corazón, de Edmundo De Amicis; Moby Dick, de Herman Melville y Robinson Crusoe, de Daniel Defoe y se los debo  a ellos.
Haciendo uso de lo que siempre estuvo en casa pero lo que faltaba era tiempo, hoy les hago los honores leyendo con Brune.

Como tarea para el hogar para quienes quieren limpiar, revisar y sentirse dueños de lo que hay en sus casas, sugiero ver qué libros pasaron de generación en generación alimentando la imaginación y el conocimiento de unos y otros.
Para quienes no han empezado aún a aprovisonar de libros su hogar, este puede ser un primer compromiso.

                                   
                                            Lic. Ivana Rugini

sábado, 21 de marzo de 2020

Cansancio




Cansancio es la falta de fuerzas.
Desde las  teorías vibracionales lo que llamamos cuerpo está dividido, como mínimo, en tres aspectos; por lo tanto el cansancio también podría distinguirse en tres.
El cuerpo físico: es la materia más visible y tangible.
El cuerpo emocional: es de donde surgen las emociones.
El cuerpo mental: es el aspecto de donde provienen los pensamientos.
Cada cuerpo o aspecto vibra, trabaja y se manifiesta de diferente manera.
Es así como después de un día ajetreado el cuerpo físico siente el cansancio por un esfuerzo o exceso de actividad.
El cuerpo emocional no siente ganas de nada cuando una situación duele y no nos podemos despegar de esa sensación, persona o situación.
El cuerpo mental manifiesta el cansancio cuando no le encuentra la vuelta a un problema, cuando la sensación de encierro o embotamiento es tal que ya se hace difícil hasta hilar una frase. Colapso.

Con esta breve explicación, los invito a registrar  qué tipo de cansancio estamos experimentando; porque al identificar qué cuerpo está implicado, podemos recurrir al antídoto adecuado.

Si de cansancio mental se trata y la preocupación nos atormenta, la solución es la acción. En el hacer, en el movimiento, en la Ocupación está la clave. Aunque el problema no se resuelva totalmente, el cuerpo se está activando por y para ello; de esta manera, el aspecto mental capta el avance y no cae en el torbellino del estancamiento.

Cuando es lo emocional lo que dirige el cansancio total, nos damos cuenta porque no hay ganas de nada. Por ejemplo en un duelo, en una ruptura, en un giro inesperado de la vida o simplemente cuando nos vemos obligados a hacer algo que no nos gusta; la clave es implicar al cuerpo físico: llorar, gritar, patalear hasta el hartazgo o golpear una almohada hasta el agotamiento. Si el momento de salir a flote se posterga demasiado, hay que moverse aún sin ganas. Higienizarse, limpiar, caminar utilizando el reservorio de fuerza que el cuerpo físico tiene disponible aunque lo que falte sea la voluntad.

Cuando el aspecto físico es el que se siente exhausto por las presiones del día y de la vida, por hacer más de lo que el tiempo permite, por sentir que es mucho para uno pero todo sigue igual ya se a en el trabajo, en  casa o por una exigencia personal; el cuerpo físico pide a gritos consideración.

Quietud, descanso y silencio es lo apropiado.
Cuidarse no es egoísmo, es vivir conscientemente.

Lic. Ivana Rugini




martes, 3 de marzo de 2020

Habilidades sociales




El hombre es un ser social  que precisa conocer su entorno y pertenecer a una comunidad para dar y recibir de ella. Pero para formar parte de una familia, de un grupo o de una sociedad es necesario desarrollar habilidades que pueden aprenderse con el fin de que las interacciones sean saludables.

¿De qué habilidades estamos hablando?
·        Saber escuchar
·        Esperar nuestro turno para hablar o movernos
·        Respetar las normas
·        Mirar a los ojos
·        Regular nuestras emociones
·        Ser flexibles en nuestras posturas y creencias
·        Desarrollar la empatía (capacidad de ponerse en lugar del otro)
·        Expresar nuestro sentir y animar al resto a que también lo haga.

A todos nos vendría bien evaluar cómo estamos en estos ítems, pero si hablamos de niños, repasar estos temas es crucial para que interactuar con otros no alimente la ansiedad, la angustia y el famoso estrés.


Lic. Ivana Rugini

miércoles, 26 de febrero de 2020

Vacaciones en Villa Gesell





Una noche que volvíamos tarde  vimos que “algo” cruzaba la calle  y enseguida mi mente quiso encajar “eso” con lo típico: perro, gato o rata.  
No tenía la menor idea de lo que era y no coincidía con nada.
Solo un instante las luces del auto le dieron de lleno a esa criatura y retuve la imagen hasta poder recurrir al buscador de Internet para que me enseñe cuál era el nombre. Una majestuosa Comadreja overa nos hizo la deferencia de mostrarse.

Voy sin preámbulos a mencionar las lecciones que este ser viene a manifestar.
Suele llevar encima de su lomo a sus crías (hasta diez), por lo tanto, la destreza es lo primero que este animal comparte como virtud. La posibilidad de moverse y desarrollarse con peso y “carga” extra pudiendo atender distintos aspectos de la vida sin que los hijos sean un obstáculo para ello. Si era ese el mensaje para mí, sin ninguna duda, lo recibí. Con toda humildad considero que muchas otras personas van a ser sacudidas por este concepto, ya que se abstienen de ir por más escudándose en  tener familia…
La astucia es otra de sus características. Es observadora y evalúa atentamente qué es lo que necesita llevar (arrastrar) hasta su madriguera. Traducido a la conducta humana sería que para saber lo que uno quiere y necesita tiene que haber silencio y observación para luego proveer el hogar con lo importante.
Su técnica es el sigilo, es esconderse, no llamar la atención y hasta si está justificado, pasar por muerta. Gran enseñanza: perfil bajo, humildad y no ostentar la inteligencia pero sí utilizarla.
Otro aspecto de su sabiduría es la curiosidad. Esto también viene a zarandear la conducta que hemos adoptado. Toparnos con una comadreja, o zarigüeya nos invita a analizar cuánto emprendemos, a qué nos atrevemos y a qué cosas no nos animamos.

Intuición e inteligencia. Curiosidad y observación.
El tiempo de descanso nos renueva física y psicológicamente. Si a esto le sumamos la posibilidad de dejarnos sorprender por los animales de la zona; nos cultiva, nos moldea y nos mejora.


                                                                                                            Lic. Ivana Rugini

lunes, 24 de febrero de 2020

Arena




Arena, dunas y médanos son el símbolo de la transformación constante.
La madre naturaleza nos acerca modelos todo el tiempo para enseñarnos que las grandes virtudes que están dispuestas y latentes a despertarse en nosotros, la tierra las vive en armonía. Partiendo de la base de que la arena alguna vez fue roca o montaña y con el paso del tiempo y cambios climáticos se convierte en polvo, por qué atarnos a conductas, hábitos o posturas de nuestra personalidad que ya no nos sirven???
Como los médanos se dejan moldear por el viento, como la roca permite ser corroída por el agua, nuestras características son modificadas por cómo vamos comprendiendo y aceptando con templanza las experiencias de la vida.
Si le agregamos consciencia a un proceso que es natural, el resultado es maravilloso. Personal, particular y único.  
Pongamos foco en lo que necesitamos que se reduzca a polvo y dejemos que el tiempo y los cambios saquen lo mejor de nosotros.

Lic. Ivana Rugini


sábado, 1 de febrero de 2020

Iniciativa






Yo no soy ni gran cocinera, ni destacada costurera, ni habilidosa con las manualidades, ni me llevo bien con la tecnología.
Definitivamente hay muchas cosas que no soy pero sí soy una gran lectora (no por leer bien, sino porque ahí invierto feliz mi tiempo).
Evidentemente es lo que me viste hacer. Claramente mi ejemplo sembró en terreno fértil porque también pusiste de tu parte y hoy, con once años, me pedís ir a esa “librería grande en donde podemos elegir un libro y sentarnos a leer”.
Fuimos.
El Ateneo Grand Splendid, en Recolecta,  una librería adaptada a lo que fuera un teatro bellísimo que conserva su estructura, palcos, luces y distribución estaba llena de compatriotas y turistas extranjeros que te dabas cuenta a la legua que hojeaban libros de los que solo entendían los dibujitos; pero ese lugar te invita a ser curioso.
La particularidad de este negocio, es que podés recorrer góndola tras góndola y tomar los libros que quieras para buscar un lugarcito en las salas de lectura (en los palcos) y degustar la historia de tu preferencia el tiempo que quieras. De fondo se escucha que alguien toca el piano y que otra gente aplaude pero nada molesta, nada desentona; ni las luces fuertes, ni el gentío, ni el movimiento constante de los que se asoman buscando un asiento para apoltronarse y sumergirse en su mundo.

 Gente de todas partes se hacen baches en su agenda para ir a conocer una de las librerías comerciales más hermosas del mundo, y los de por acá que la tenemos al alcance de las manos, del bolsillo y de la vista, no vamos.
Es cuestión de iniciativa. Hay que proponérselo.
 
                                                                                        Lic. Ivana Rugini


lunes, 20 de enero de 2020

El Caribe entrerriano


El Caribe entrerriano

Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Ciudad bella de cuadras cortas, veredas angostas y cordones altos.
Evelina y Hernán, nos propusieron comenzar a conocer Concepción subiendo a un catamarán y cruzando hasta Cambacuá, convencidos y orgullosos de mostrarnos el Caribe entrerriano.
Llegar a la isla y meternos en aguas templadas (y hasta diría calientes), para mí fue la gloria.
Observar los inquietos cardúmenes de pequeños peces al lado de mis pies surtió un efecto inesperado; me abrí inmediatamente a su sabiduría.
Toparse con un animal y verlo desde una perspectiva  mística implica que te dejes embelesar por su ser y su esencia.
El pez es asombroso de por sí; y el agua en el que vive, más.
Las enseñanzas de los peces como totem  son el crecimiento, el desarrollo, la creatividad, la transformación y la abundancia.
Por pertenecer al elemento Agua, la clave para lograr aprender todas estas lecciones está en el conocimiento y manejo de las emociones.
De todo, lo que más me llamaba la atención era la capacidad de esas criaturitas  de ir en masa, juntos, viviendo y cuidándose.
Así es como habíamos llegado hasta ese lugar paradisíaco: en grupo, con gente querida que se abría a compartir costumbres, experiencias y charlas sanadoras. Nosotros estábamos  formando nuestro propio cardumen chapoteando en el agua, jugando y analizando entre todos lo que pasaba en nuestro interior con conversaciones profundas y transparentes mientras los Maestros en el tema esquivaban las manos de los chicos que intentaban agarrarlos.

                                   
                                          Lic. Ivana Rugini